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domingo, 23 de diciembre de 2012


Carta  de  apoyo  a  Piwy

Y qué es hoy la ciudad genital del continente.
¿Qué eres hoy Cuzco fastuoso y milenario?

Acostado en tu pasado.
De espaldas a tu hambre.
Y de pie sobre tu llanto.

Ruina mercante.
Arte atado.
Domado idioma.
Ciencia ciega.
Ombligo sucio.
Música mendiga.
Palabra pálida.
Cruz sin cristo.
Ciudad delirante.
(Rene Ramírez Levano)

La publicación en facebook hace unos días, de la obra de Miguel Ángel Fuentes Gallegos (Piwy), despellejó de un tajo a nuestra ciudad, y dejó al aire el poderoso músculo de la intolerancia, que la hace caminar desde que el Cusco es Cusco. Y que lamentable y probablemente, sobrevivirá a las próximas dos generaciones.
Particularmente, la obra del provocador artista, a quien tengo el honor de llamar amigo, no me agrada. La composición y el contenido me parecen repetitivos y poco ingeniosos, un collage más del montón de entre los que salen en facebook (perdóname Piwy por la crudeza de mi pobre apreciación artística). Este comentario que tal vez parezca innecesario, y que no hubiese hecho de no darse esta situación, es a mi entender muy importante para lo que tengo que decir a continuación.
En menos de una semana, este pequeño cliché crítico, ha despertado la más encarnizada de las rabias. Insultos, amenazas, agresiones y desembalses de indignación inundaron la cuenta en facebook de Piwy… «Nada de qué preocuparse, nuestro amigo de los poemas sarcásticos no tiene miedo, todo le resbala y además de saber kung-fu, ya está acostumbrado a la reacción violenta de quienes no aprecian sus obras»… ¡Falso! Las reacciones sí son preocupantes, ya que más allá de la agresión contra el autor del collage, nos hace preguntarnos ¿Qué puede pasar con esa rabia contenida por nuestros paisanos?
En todo caso, dos de los mayores complejos de los habitantes de la ciudad, quedaron al descubierto y fueron sostenidos por gente que incluso se declara progresista, y hasta por amigos del artista: el regionalismo a lo bruto y la homofobia fulminante.

El regionalismo a lo bruto
Por alguna razón ese título de Ombligo del Mundo adjudicado por los incas a su capital, aun nos pesa sobre las espaldas. Recuerdo que hace unos años, durante el concierto de un joven compositor cusqueño, cuyo nombre prefiero mantener en reserva, se dio una escena cantinflesca en referencia a este «título honorífico»
Sentado ante el público -dentro del que se encontraba otro talentoso, pero no tan joven músico cusqueño, cuyo nombre también guardaré en reserva– el joven compositor vio llegar a unos amigos que lo saludaron al ingresar, su reacción fue hacer una broma en referencia a lo chiquita que es nuestra ciudad y declaró abierta y «desafortunadamente» que el «Cusco sí era un ombligo». Malaya la hora en que la broma se escapó de entre sus labios, pues poco o casi nada le faltó al talentoso pero no tan joven músico para caerle a puntapiés.
Una broma que en cualquier otra situación y ciudad hubiera resultado insignificante, en nuestra amada matria, se convirtió en el lobo que se tiró a los corderos. Salieron a relucir los honores imperiales, y a pesar de la disculpa ofrecida por el joven compositor y aceptada por el no tan joven y talentoso músico, el vejamen contra la tierra del sol, casi fue lavado con sangre por otros ofendidos ombliguistas, que aun han de tener el guante a la mano y la espada al cinto en caso de cruzarse al joven compositor por la céntrica avenida Sol.
El caso del collage de Piwy, obedece al mismo patrón de comportamiento. Alguien nos ha hecho creer que el Cusco está por encima de cualquier otra ciudad, país y cultura. Nos han dicho que somos intocables y que el sólo hecho de habitar la «colonial» ciudad de los incas, nos da la razón ante las discusiones.
Resulta gracioso, que ante un comentario de solidaridad con Piwy de parte de una joven colombiana, el único argumento de los ofendidos fuese que “no se puede comparar Cusco con Medellín y que censura se escribe con c”. Vale para clase de ortografía (materia en la que soy terrible), pero no para sustentar una posición.
¿El Cusco es entonces intocable?
¿Ser cusqueños nos da la razón, sin dudas ni murmuraciones?
¿Somos entonces los entronizados sabios marciales de una sociedad que nos debe pleitesía porque «nadie se puede comparar con el Cusco»?
¿Y qué es hoy el Cusco?
René Ramírez se hizo la misma pregunta hace ya más de 30 años y la respuesta sigue siendo evidente.
Cusco, la milenaria Ciudad Imperial, es pues, un asno cargado de complejos e ignorancia, que se niega a dejar el bulto al borde del camino y andar ligero y libre. Nuestra ciudad ha conocido un pasado glorioso, lo que nadie niega ni menosprecia. En el mundo, difícilmente imagino una tierra más hermosa y un cielo más claro. El aire que respiramos es de los más puros y las costumbres de nuestra gente, sin duda son para mí las más bellas. Pero está claro, lo son para mí.
Nada nos coloca por sobre nadie, la «grandeza» de nuestro pasado imperial se perdió en el vil comercio turístico. El último inca murió tirado por cuatro caballos y quienes buscan inkarisar su árbol genealógico, en la mayoría de los casos tienen la sangre de Pachacuteq tan licuada, que resulta más fácil encontrar sus lazos con Adán y Eva. Y quienes sí tienen sangre incásica, pues son considerados «indios de mierda», ya que en nuestra ciudad amamos a los incas y despreciamos a los indios (otro de nuestros “pequeños complejitos”).
El Cusco es una pequeña ciudad en una república llena de conflictos, como hay muchas en América Latina, su gente es tan humana y llena de conflictos como la gente de todo el planeta. No existe una magia que nos haya dado el título de poseedores de la verdad y de hecho, si hay algo que aún estamos lejos de acariciar, es la verdad. Vivimos de nuestro orgullo patético y chimpancesco, sin dar espacio a la discusión y a la crítica. Todo el mundo, sin importar su procedencia, tiene derecho a opinar, debatir y ser rebatido dentro de las líneas del respeto. Hoy como siempre, nuestra hermosa ciudad es un ombligo al que olvidamos removerle la pelusa.

La homofobia fulminante
Cabro, rosquete, puto, maricón, homosexual de mierda, pato, etc. ¿En qué momento la palabra homosexual pasó a ser un insulto? ¿Con qué derecho agredimos a los homosexuales? ¿Qué nos hace creer que nuestra heterosexualidad nos hace «normales» y que la homosexualidad convierte a alguien en fenómeno, pervertido?
El derecho de todo ser humano a vivir su vida como la prefiera no debe ser cuestionado por nadie, mientras esa persona no interfiera con la vida de otros. El argumento clásico y poco convincente de los homofóbicos es que la homosexualidad les incomoda, que es una perversión, que es un escándalo o una ofensa.
Los homosexuales, víctimas de una sociedad religiosa que condena su libertad, fueron y son acusados de los peores crímenes y bajezas. Y hoy en día se ha llegado a tratarlos de enfermos mentales y hasta de genéticamente predispuestos, por lo tanto deformes. La iglesia católica, nos sigue diciendo que es un pecado ser homosexual. El deber de todo buen cristiano es reprimirse ante ese instinto satánico. Nada más absurdo. Como heterosexual, mis deseos sexuales jamás han estado en cuestión. Entonces, por qué los de los homosexuales sí son constantemente cuestionados.
Cómo pueden ser criticados el amor y el deseo, viniendo de donde vengan. Yo tengo el derecho de pasear por las calles de la mano de mi chica. Pero mis amigo gays no tienen el derecho de tocarse las manos en público, porque en nuestra ciudad, ser homosexual, lesbiana, travesti, transexual, etc. Puede terminar en un acoso permanente y en innumerables agresiones físicas y verbales.
«Deberíamos cambiar esa bandera del Cusco porque los cabros tienen la misma» o «los cabros deberían cambiar su bandera porque insultan a la bandera del Cusco» ¡Por favor! La bandera del Cusco es el símbolo de la vida y del coraje de los antepasados de los que tanto nos «enorgullecemos». La bandera del movimiento homosexual es una bandera que representa la lucha por los derechos de seres humanos como nosotros, que enfrentan con coraje cada día un camino difícil y que merecen nuestro respeto. La similitud entre las dos banderas no es un insulto, por el contrario, debería ser un motivo de orgullo saber que nuestra bandera cusqueña, es para otros un símbolo de lucha y resistencia.
Utilizar la palabra homosexual como sinónimo de insulto, es simplemente inadmisible. Las amenazas vertidas contra Piwy, un heterosexual que se compró el pleito, son también amenazas contra todos los homosexuales de la ciudad, y por lo tanto, son amenazas contra los seres humanos, y como tales, deben ser respondidas, por los homosexuales y los heterosexuales que los sostenemos, frontalmente. No admitiremos más homofobia, respetos guardan respetos, ya es tiempo de que nuestro suelo se libere de sus prejuicios y taras.
Inundada de hoteles, comercios, bares y discotecas, el Cusco, la sagrada Ciudad de los Incas, parece no haber dejado su pasado en el pasado. Somos hijos del mayor de los chovinismos y padres del comportamiento reaccionario más salvaje y furibundo. Por nuestras venas corre sangre mestiza, tan india y quechua, como española, y en muchos casos árabe, negra, turca, japonesa, judía, libanesa, aymara, rumana, francesa, china, y hasta del Congo, sólo basta echar un vistazo a los apellidos que rellenan las listas electorales de nuestra Ciudad. Somos hijos del pluriculturalismo, de la inmigración antes, durante y después de la conquista y la colonia. Sin embargo, por alguna extraña magia, henos aquí, subidos todos sobre el ushnu del regionalismo, y de la ignorancia extrema, gritando a los cuatro vientos la grandeza de un imperio destruido por la mano de nuestros abuelos y a cuyos herederos legítimos flagelamos a diario con el látigo del racismo. Hermoso e imperial collar de perlas el que nos hemos forjado en base a la intolerancia y el encierro de nuestras mentes.

Rodolfo Espinoza Rios

miércoles, 17 de marzo de 2010

Manifiesto



No reciclamos multitudes virtuales solamente para llenar nuestro inmenso ego ni los vacíos de nuestra era… no necesitamos que nuestros viejos amigos cambien de amigos porque ahora todos hemos cambiado… no buscamos la felicidad perforando un objeto lleno de teclas…
No mendigamos por el aplauso del mismo público que elige los premios Oscar o la bebida nacional que pertenece a una transnacional… no queremos patentar a Chuky, ni fotografiar el fin del mundo mientras lentamente mueren nuestros hermanos.
No queremos nuevas técnicas de marketing para vender nuestros mediocres objetos… el arte de vender el arte.
No somos fanáticos de nadie ni le debemos el alma a ninguna financiera… mira…. mira el desarrollo… todo le pertenece en realidad a un banco y se paga mes a mes… como haber vendido el alma al diablo… recuerda que sólo tienes una vida.
No queremos tener la razón… ya no nos importamos.

jueves, 11 de marzo de 2010

Algo es algo... o... para algo servirá



Hace algunos años, ciertos chibolos se juntaban religiosamente todo el tiempo, a soñar que hacían algo...
¿Qué se entiende por algo?
Algo: De acuerdo con la Real Academia Española, designa lo que no se quiere o no se puede nombrar (definición que puede aplicarse también a la palabra innombrable). De acuerdo con la Irreal Academia del que sueña hacer algo, algo, alguito, lo que sea, lo que se pueda o lo que caiga.
Hacer algo, en buen cristiano y sin mucho sancochado, era la aspiración suprema de todo aquel que no sabía qué cuernos quería hacer. Y de todo aquel otro que sabiendo lo que quería, le daba lo mismo con hacer algo (de preferencia cualquier cosa).
En todo caso los "algos" fueron permanentes durante toda la etapa universitaria de los chibolos en cuestión. Había de los que lograron hacer cualquier cosa y de los que cualquier cosa les bastaba para creer que habían hecho algo. Pero aún peor, hubieron de los que hacían algo y lo dejaban a un lado para hacer cualquier otra cosa y al final todo quedaba en nada.
Como algos, vimos pasar miles de proyectos de radio, televisión, prensa, música, teatro, video, performance, fotografía, esoterismo, ecología, reciclaje, puntillismo, aeromodelismo, gastronomía, cine, puericultura, apicultura, gancicultura, chancalatalurgía, y demás platos de fondo. Luder jamás dejó de ser un “looser”, y a nuestro gato además de borrarle la cara, le amputamos las patas.
Una sola cosa era constante y empujaba el día a día, el deseo irrefrenable, extasiante y lujurioso de hacer algo. El algo prometido al que nuestros pasos habrían de llevarnos. La tierra de la leche y la miel de los miles de errantes del “no sé qué hacer”. El algo que sin duda llegaríamos a consolidar y que permitiría pensar que la vida no había pasado sin hacer algo... Lo que sea.
Cierto día, a alguien se le ocurrió no crecer y todos no crecieron siguiendo al primero. Ante la avalancha del no crecimiento, el algo fue lo único que creció, y ascendió de rango, no era más cualquier cosa, era una meta concreta y sin lugar a dudas más ambiciosa y loable que hacer algo. Ahora se trataba de “hacer algo para cambiar el mundo”.
Visto desde fuera, hacer algo para cambiar el mundo no es muy preciso, en especial cuando de ese algo no se tiene la menor idea. Visto desde dentro, tampoco se tiene la menor idea de lo que puede uno hacer para hacer algo que colabore a cambiar el mundo. Pero visto desde más adentro, hacer algo significa estar dispuesto a hacer lo que sea con tal de lograr lo que se quiere.
Vivimos en un mundo azotado por el hambre, las guerras, las enfermedades, la contaminación, la pobreza y en especial por la reina madre de todos los males de la humanidad, “el sistema capitalista”. Un sistema que impone al ser humano la obligación de exterminarse a sí mismo, a su medio ambiente y a sus compañeros de cuarto (plantas y animales), en nombre de la riqueza de algunos acomodados del mundo.
La carnicería comercial desatada contra los más débiles en cada rincón del planeta, es sin duda alguna un motivo de indignación. Si una persona es capaz de sentir indignación ante cualquier injusticia, en cualquier lugar del planeta, entonces esa persona tiene un corazón de revolucionario. Los chibolos en cuestión, que nos negamos a crecer, desarrollamos esa indignación ante la injusticia, nos declaramos entonces revolucionarios. Este mundo se debe, se puede y se tiene que cambiar. Cambiar el mundo no es trabajo de algunos blogueros, es verdad, pero todo grito de protesta es hacer algo. El sueño de cambiar el mundo, no se ahogó con la muerte del Ché Guevara en Bolivia, ni con el fin de mes del Mayo en Francia de 1968. El sueño de cambiar el mundo está latente en cada uno de los corazones humanos que quieren hacer algo.
Hacer algo es tirarle huevos podridos a un barco ballenero, hacer algo es pararse solo en medio de la plaza de una ciudad a pedir la libertad de un inocente, hacer algo es cocinar todo el sábado en una actividad para reunir fondos para los campesinos mexicanos, hacer algo es subirte al cerro y ponerte a plantar maíz para ayudar al campesino a soportar el ataque de los OGM, hacer algo es llegar puntual a la plaza de tu ciudad en día de protesta, hacer algo es lanzar un zapato,   hacer algo es hacer algo, lo que sea, cualquier cosa, lo que caiga.
El Innombrable Contraataca es nuestro pequeño intento de hacer algo, tal vez un intento desapercibido, a lo mejor otro algo ignorado, pero con un solo loco que quiera leernos, con un solo hermano que sueñe que puede hacer algo, o por un solo abusivo que nos encuentre innombrables, ese algo estará cubierto. Hoy queremos hacer algo, alguito, cualquier cosa, lo que sea...

Los Innombrables.