33 Como ejemplo las 23 páginas de bibliografía de J. Wittkoski, “Tod und Sterben. Ergebnisse der Thanatopsychologie”, Heidelberg, 1978.
viernes, 12 de noviembre de 2010
¿Qué le sucede al hombre cuando muere? parte final
33 Como ejemplo las 23 páginas de bibliografía de J. Wittkoski, “Tod und Sterben. Ergebnisse der Thanatopsychologie”, Heidelberg, 1978.
¿Qué le sucede al hombre cuando muere? parte 10

miércoles, 10 de noviembre de 2010
¿Qué le sucede al hombre cuando muere? parte 9
[23] No queremos comparar estos dos conceptos si no describir su legamen fenomenológico según esta perspectiva.
viernes, 5 de noviembre de 2010
¿Qué le sucede al hombre cuando muere? parte 8

Si el hombre es comparable
al agua de la gota,
queda su unicidad
y la persistencia más allá de la muerte
El problema de la muerte puesto así, es un fenómeno típico perteneciente al grupo de las civilizaciones abramíticas, que se podrían simplemente llamar “occidentales”. Todo está señalado por la ambivalencia pero en definitiva estas son las grandes visiones últimas que controlan el destino de los hombres.
En el segundo caso, cuando el hombre es visto como el agua de la gota, y no como la gota de agua, la persona humana puede continuar siendo única y en cierto modo, todavía más única que en la primera hipótesis. Cada gota de agua es ella misma, no en virtud a las diferencias accidentales de tensión superficial, ni de los parámetros espacio-temporales, mas bien porque cada gota de agua es “otra”. Lo que distingue las gotas es el agua misma y no la membrana o las situaciones del tiempo y espacio. La diferencia es óntica, escencial y no espistemológica, interpretativa.
En otras palabras en este caso, la identificación de cada gota de agua verifica su identidad consigo misma (identificación por identidad), mientras que en el primer caso la identificación de la gota de agua verifica su diferencia con el resto (identificación por diferencia).[21]
Que un ser humano sea agua no significa que sea toda el agua pero solamente que eso “es”, es decir, que es real en cuanto es agua. Ahora y aquí, y la historia de la humanidad nos da pruebas abundantes, la gran tentación paralela al opio mencionado en el primer caso, consiste en el monismo que paraliza igualmente a la creatividad humana. Si mi agua es agua, y la gota es real en cuanto es agua y no en cuanto gota ¿qué sentido tiene trabajar con celo por nuestra salvación?.[22] Es aquí que el agua de cada gota no debe ser confundida con el concepto de “agua”. La diferencia es importante, porque el agua de cada gota es el agua de cada gota y no es el concepto de agua. Tal concepto es idéntico al concepto de “agua” de otra gota. Todavía eso no significa necesariamente que las gotas sean idénticas en cuanto agua, agua real y verdadera, y no un unívoco donde aparezca su constitución físico-matemática, pero a las concepciones cualitativas del Universo llamados igualmente agua, el agua caliente o fría, dulce o salada, ferrosa o sulfúrea. Cada agua tiene su gusto especial. En el fondo el agua es las aguas, en realidad ni singular ni plural, ni el Uno ni el Múltiple concuerdan con ella. El mundo no se simplifica solamente en la cantidad ni tampoco solamente en sustancia.
La tentación, se decía, consiste en perder la visión directa del símbolo agua, al sustituir el concepto de agua y por lo tanto al declarar que toda diferencia entre las aguas es puramente accidental, o pura ilusión: el ser es uno, los seres serían entonces reales en cuanto el agua y cualquier otra diferencia sería pura apariencia sin fundamento real. Las gotas se habrían convertido en una sola gota gigantesca y monstruosa.
Pero proseguimos, nos preguntábamos ¿Qué le sucede al hombre cuando muere? ¿Qué sucede al agua de la gota cuando se une o reune al Océano?
Claro, muchas cosas cambian o desaparecen. Lo importante es saber si algo propio de cada gota “perdura”, o mejor dicho, persiste después de la muerte. Esta persistencia sería el criterio de lo real.
Podemos diferenciar entre el yo, el yo profundo y fuente última de operaciones, el yo (aham) que para muchas tradiciones es el divino, Dios, Brahman, y el ego psicológico (ahamkāra), el origen consciente o inconsciente de las operaciones del individuo, el alma individual (jiva), si se desea introducir una expresión polivalente, es decir peligrosa.
En esta segunda perspectiva, reduciendo a un simple esquema: El yo es inmortal, el ego es mortal. La inmortalidad se adquiere mediante la purificación de nuestro ego que permite la realización de nuestro yo. O, retomando nuestra metáfora: mediante la toma de consciencia que somos agua y no una tensión superficial, mediante la realización del agua que somos y no endureciendo la membrana de separación que nos divide, mediante la victoria sobre el egoismo y adquiriendo nuestra verdadera “personalidad”, realizando nuestra “verdadera naturaleza”, etc.
Continuará luego de la entrevista…
Fotos: El Lago di Garda visto desde Garda
[21] Panikkar, “Les mystére du cult dans l’hindouisme et le christianisme”. Cerf, París, 1970 – pp. 37-41.
[22] Esas son las últimas palabras de Buddha según la tradición.
jueves, 4 de noviembre de 2010
¿Qué le sucede al hombre cuando muere? parte 7
¿Qué es el hombre?
La respuesta de las religiones tradicionales
es la llamada “seglar”
en el esquema individualista
El problema continúa ¿qué cosa es el hombre, la gota de agua o el agua de la gota?
En el primer caso, cuando el hombre es concebido como gota, osea como singularidad, como tensión superficial que lo separa de todo el resto, como una mónada, entonces el ser del hombre desaparece al momento de su muerte, y esta es la gran tragedia. Es necesario por lo tanto luchar contra ella a todo costo.
Aquí hay dos maneras principales de ir contra la muerte, la lucha tradicionalmente religiosa, y la lucha que hoy se llama seglar (laico, no religioso N.T.)
La lucha religiosa en este esquema es individualista en el primer caso, consiste en postular
una vida ulterior, más auténtica y definitiva. La gota desaparece, no se puede negarlo, pero puede nacer otra vez, sea como gota cristalizada y eterna en una de las diversas concepciones del cielo o como otra gota en una nueva forma de vida temporal. Este es el campo de las religiones tradicionales. Se pueden distinguir dos tipos: el tipo de religiones que aceptando una unicidad espacio-temporal, hacen resucitar la gota en la eternidad, y el tipo de religiones que aceptan la repetición cósmica de la existencia. Las primeras anuncian una especie de mutación en un plano absolutamente superior al de la existencia humana. Las segundas anuncian una ley de generaciones o transmigraciones sucesivas: la ley del karma. Las religiones de este último tipo añaden que en un cierto momento –poniéndose fin a un proceso más o menos determinado- se puede hasta saltar el ciclo de los nacimientos para llegar a la trascendencia del primer tipo, pero con una diferencia fundamental. Las religiones del primer tipo quieren, en general, salvar la individualidad hasta la otra orilla, mientras que las segundas, en su mayor parte consideran la individualidad únicamente como la característica del orden temporal del samsāra.
En realidad el segundo tipo no considera al hombre como una gota sino por el tiempo de su existencia en este universo temporal, pertenece en definitiva al segundo caso (el agua de la gota) todavía por describir.
La fe en otra vida, en otro mundo, es un consuelo positivo y eficaz para quienes la profesan ya que “caminando en este valle de lágrimas”, se asumen la responsabilidad del universo entero en vista de una existencia mejor, se convierte en destructiva o paralizante de las iniciativas humanas a los ojos de los que perdieron esa fe. Cuando “la otra vida” se separa de “esta vida”, en manera que se pueda ganarla independientemente de las “obras” en este mundo, este último es abandonado a su propio destino, y la religión se convierte en el opio tan bien conocido que tal vez alivie el dolor individual, pero resulta nocivo a la larga y su efecto es aletargante.
Así sería el esbozo de una respuesta seglar (laica): No hay otra vida y el individuo debe vivir sin más esperanza que la de mejorar, en lo posible su condición humana. Pero la muerte grita que el proyecto “hombre” no está (¿todavía?) cumplido. La lucha contra la muerte está animada por un impulso religioso. Sin este impulso se puede estar drogados del opio del egoismo y de la inactividad. Al fondo, la lucha del seglarismo contra la muerte puede ser tan religiosa como en la primera[19].
De todas maneras, en todos estos casos es necesario salvar a toda costa la gota de agua con el fin de que la gota sea el clan, la tribu, el pueblo elegido y no únicamente el individuo. La postura fundamental es esta: O algún otro mundo con gotas cristalizadas en inmortalidad celeste, o este mundo llamado a convertirse en paraíso, aunque las generaciones constructoras de la “sociedad perfecta” deban ser sacrificadas: “Los constructores morirán pero la ciudad será edificada”.[20]
Fotos: Los Dolomitis, Le Pale di San Martino.
Pueblo de Moena donde hasta ahora se habla el ladino.
[19] Aquí debemos aclarar una cuestión semántica. ¿Debemos llamar “religión” solamente a un tipo de último comportamiento del hombre ante la realidad o la religión es el género y no la diferencia específica? Panikkar: “Have religions the monopoly on religion?” en Journal of Ecumenical Studies.
domingo, 31 de octubre de 2010
¿Qué le sucede al hombre cuando muere? parte 6
Al contrario de la gota de agua
que desaparece y ya no existe,
el agua de la gota subsiste
La gota de agua, es decir la tensión superficial que la mantiene separada, el límite que le impide toda comunicación profunda y comunión real desaparece: ya no es solo una gota. Esta gota de agua minúscula, separada de todo el resto, este tiempo y este espacio que la hacen singular, ya no existe. Y el hombre es absorvido por Brahman, ha regresado a la matriz cósmica, se ha fundido a Dios o unido a Él, se ha anonadado, ha dejado de existir o se ha transformado en lo que era (o estaba llamado a ser). Si el hombre es gota, cuando esta gota cae en el mar, este individuo está realmente muerto, la muerte es ontológica (para el ser de la gota evidentemente).
El agua de la gota todavía no ha sufrido el mismo destino. Permanece, no ha perdido nada ni ha dejado de ser lo que era. El agua de esta gota ahora está en comunión con toda el agua del Océano sin perder nada de su ser agua. Puede haber sufrido modificaciones pero sin quitarle su ser agua. El hombre, se dice, se realiza plenamente en su ser, llega a ser lo que en realidad era , aunque no lo haya sido (o no parezca) mientras su ser era identificado con sus parámetros espaciales. Los diques de espacio y tiempo se han roto y tal vez también el de su consciencia limitada, pero el cambio no ha sido de otra vida. El agua se ha encontrado a sí misma: el hombre se ha realizado. Vita mutatus, non tollitur[18] . La muerte es fenoménica (para el agua de la gota evidentemente).
... y continuarà continuando hasta que diga FIN.
FOTO: El Mar Adriático visto desde La Puglia.
[18] Así cantaba la liturgia latina el día de los difuntos: la vida ha mutado, no desaparecido (no cortada).